Contacto estelar: Un Relato personal fantástico
Publicada el 2026-07-14
Descripción de la oferta
Era una noche lluviosa que poco a poco se despejó, dejando ver el cielo más estrellado que recuerdo. Yo, en reposo médico por mi periodo de gestación, salí como acostumbraba: buscaba el aire fresco y mirar hacia arriba, pues siempre me ha conmovido imaginar cada luz en el cielo, y soñar con ver una estrella fugaz alguna vez. Esa noche no fui sola: me acompañaban mi amiga, mi tía, mi hermano y mi madre. Mientras conducía, mi amiga nos contaba con emoción cómo, de niña, había visto cruzar el cielo una luz tan brillante que parecía tocar el suelo, y que dicen que cumple los deseos más sinceros del corazón. Tomamos un camino apartado de la carretera, oscuro y tranquilo, lejos de las luces de la ciudad. De repente, todos callamos al mismo tiempo: una estela dorada cruzó el firmamento y descendió suavemente hasta quedar suspendida entre los arbustos, brillando con luz amarilla y blanca, girando despacio como si descansara. Detuve el vehículo cerca, y en ese instante el motor se apagó y no quiso encender; nuestros teléfonos perdieron toda señal. Mi familia y mi amiga se quedaron dentro, observando con asombro y grabando todo con sus cámaras. Yo sentí una calma inmensa que me invitaba a bajar. Al poner los pies en la tierra, sentí a mi bebé moverse con fuerza en mi vientre, y caminé hacia ese resplandor: cuanto más me acercaba, más sentía una atracción suave en mi espalda, la zona lumbar y las piernas, como si la luz me llamara. Cuando estuve a solo unos metros, vi que era una estrella que había bajado del cielo: una esfera inmensa, de luz plateada y dorada, que irradiaba un calor suave y un sonido parecido al viento entre montañas. Una de sus luces se abrió como un foco, iluminándome desde los pies hasta la frente: sentí una paz profunda y una vibración tan ligera que parecía elevarme del suelo, aunque mis pies seguían pegados a la tierra. Dejé de escuchar cualquier ruido del entorno — solo existía esa luz y yo. Justo cuando estaba por cerrar los ojos para pedir mi deseo, una mano me tomó del brazo: era mi hermano, el único que había bajado del coche. —Vamos, volvamos ya —me dijo con voz emocionada—, es algo tan hermoso que da respeto estar tan cerca del cielo. Y me llevó suavemente al vehículo. Dentro del auto, mi madre, mi tía y mi amiga nos esperaban con los ojos brillantes: —Te llamábamos y no escuchabas nada —decían—, temíamos que te perdieras en esa luz. Es un regalo que pocas personas ven. Por favor, intentemos irnos, ya son las dos de la madrugada. Traté de encender el motor, y tardó unos instantes en responder, como si la estrella se despidiera despacio. Cuando por fin arrancamos, la luz entre los arbustos se elevó suavemente y nos acompañó unos kilómetros más, hasta que volvió a cruzar el cielo y desapareció entre las estrellas. Todos iban muy callados, con el corazón lleno: podíamos sentir que esa luz se quedaba con nosotros, como si hubiéramos guardado un pedacito de ella para siempre. Avanzamos hasta que por fin vimos las luces de nuestra casa. Entramos, cerramos bien puertas y portones, y nos sentamos en la sala a revisar las fotos y grabaciones. Compartimos cada sensación, cada emoción y cada deseo que habíamos pedido en silencio. Fue una experiencia increíble, difícil de explicar, pero absolutamente real. Sin duda alguna… fue la mejor noche de mi vida. ¿Te gusta así? ¿Quieres que añada más detalles sobre el momento de pedir el deseo, o ajustar algo más?
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Fuente original: freelancer